miércoles, 8 de mayo de 2013

La sacarocracia

"Nueve señores que son los dueños de los 15 ingenios de Tucumán son los responsables de la crisis azucarera. Por tener un mal precio, la economía provincial perdió 1500 millones de pesos en 2012 y este año será igual o peor si no mejoran las condiciones". La apocalíptica frase cae de la boca del gobernador José Alperovich, quien tiene a la provincia en un puño desde 2003.

En Cuba, un país que es la excepción en el mundo entero, llaman a la burguesía como la “sacarocracia”. Dicen que es por la sacarosa que les endulza las cuentas corrientes. Así lo cuenta el prestigioso colega César González Calero en su obra “Cuba a cámara lenta. Retrato de una isla imposible”.

De regreso a lo doméstico, en Tucumán, uno de los principales productores azucareros supo ser compinche de Alperovich, si es que aún no lo sigue siendo. Se trata del multifacético empresario Jorge Rocchia Ferro, que recientemente deambuló por los Tribunales federales por contaminar con vuelcos de vinaza territorio de la vecina Santiago del Estero.

Con el poder de Rocchia Ferro en supuesta decadencia, Alperovich dio un giro y les salió al cruce a “los nueve señores que son dueños de los 15 ingenios” de la provincia. El gobernador les apuntó sus críticas como si no conociera el paño agropecuario. Pero a decir verdad, Alperovich es igual o más poderoso que los empresarios del campo. Es productor de soja, cítricos y arándanos, y posee miles de hectáreas desparramadas por el Norte. Conserva tierras en Rosario de la Frontera, con 12 mil cabezas de ganado, y goza de los beneficios fiscales de invertir en Santiago del Estero, donde Alperovich contaría con 12 hectáreas sembradas con soja.

Cuba guarda similitudes con Tucumán por su clima húmedo y tropical. Pero Alperovich tiene la oportunidad de profundizar las coincidencias. En su próxima crítica a los empresarios azucareros, podría empuñar el término de González Calero y hablar de “sacarocracia”. Pero quizás tema que le repliquen con la “sojarocracia”, o, hasta le pueden achacar con su afinidad al nepotismo como política de Estado.

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